Estrategias de comprensión
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Estrategias de comprensión


Comprender textos, aplicando estrategias de comprensión lectora; por ejemplo: - relacionar la información del texto con sus experiencias y conocimientos - releer lo que no fue comprendido - formular preguntas sobre lo leído y responderlas - identificar las ideas más importantes de acuerdo con el propósito del lector - organizar la información en esquemas o mapas conceptuales



📖 Lectura

En la noche del Campeonato, sus ruedas tienen ojos de luces apagadas, cables que lloran plástico derretido bajo el sol del desierto. El viento, hurón entre sus engranajes, roba susurros de metal y los esconde en el silencio del fracaso. Pero el cielo espejo, con su luna de resorte, las despierta con canciones de engranajes rotos. Las manos, como palmeras de ideas, sembraron polvo en el aire hasta que nació el tesón, pequeño sensor que detecta el eco de los sueños. No ganaron la copa, pero ganaron el desierto de luces dentro del alma, donde las ruedas, aunque oxidadas, siguen girando con el ritmo del tiempo que no premia, pero si acaricia la marcha de los que perseveran. Así aprendieron que el viento no es enemigo, sino compás para no dejar de moverse, porque el verdadero premio es el camino que no se rompe bajo el peso de la derrota.

1) ¿Cuál es la idea principal del texto?

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📖 Lectura

En un aula de madera y sol, la Tierra susurra su antiguo canto. Los niños, con manos de maples, despiertan los ciclos olvidados: el papel se transforma en nuevas plumas, el plástico reverdece sus raíces. El viento, tejedor ancestral, guía la danza de los residuos. Un basurero se convierte en altar, donde el vidrio ríe como lagrimas de los ríos. Las piedras, abuelas del tiempo, guardan la memoria de lo reciclado. La comunidad, con ritmos de mazamorra, revive la sabiduría de las huellas. Los cartones germinan en nidos, el aluminio canta como el canto del cóndor. Cada envase, un símbolo de vida; cada hoja, un círculo que nunca se acaba. La naturaleza, madre de todos, abraza con sus brazos de yeso las manos que devuelven lo que se fue. El sol, testigo eterno, dorará mañana las semillas del hoy. Así, entre abrazos de lo antiguo y lo nuevo, florece un mundo donde incluso el reciclaje lleva el nombre de los abuelos verdes, y el latido de un futuro sostenible late en las venas de los niños.

2) ¿Cuál es la idea principal del texto leído?

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📖 Lectura

En el colegio San Antonio, ubicado en un rincón soleado de Santiago, la profesora Elena había enseñado arte a los alumnos de séptimo básico durante quince años. Sus clases de dibujo, pintura y música eran el refugio donde los chicos dejaban de ser solo números en listas y se convertían en creadores. Pero un anuncio en la junta de padres lo cambió todo: la administración decidió postergar la materia de arte por falta de presupuesto, redirigiendo los recursos a laboratorios y programación. Lucía, una adolescente apasionada por el dibujo y con marcas de rotulador permanente en las manos, se enteró del rumor a la salida del recreo. Caminaba con su mochila verde, llena de libros y una carpeta de acuarelas, cuando Tomás, su amigo de la infancia que soñaba con ser compositor, le comentó: «¿Y si montamos un concierto para salvar la clase?». La idea nació en ese instante, como una melodía imprevista. El grupo se formó rápidamente: Tomás con su guitarra rota en una cuerda, Camila, una violinista callada que siempre se escondía tras sus gafas, y Sebastián, un baterista entusiasta cuyo padre le prestó un equipo de segunda mano. Lucas, el mejor en teoría musical, se ofreció como corista y organizador de la logística. «Lo importante no es el dinero», argumentó Elena, «es demostrar que el arte no puede ser reemplazado por una computadora». Pero los desafíos llegaron pronto. La reacción de los adultos fue fría. El director los miró con una sonrisa tensa: «Son adolescentes idealistas. El colegio debe ser serio». Camila se sintió derrumbar: «¿Para qué sirve nuestra música si nadie la escucha?». Tomás, con la guitarra bajo el brazo, respondió: «Entonces haremos que se escuche». Durante semanas, los chicos practicaron en una caseta abandonada del club deportivo. Lucas anotaba las ideas en su cuaderno de pentagramas, Sebastián ajustaba el volumen del altavoz para que no molestaran a los vecinos, y Camila aprendió a tocar una pieza de Vivaldi que no había ensayado nunca. «El miedo al silencio es peor que el error», le dijo Lucía un día, mientras Camila temblaba sobre el puente de su violín. La noche del concierto, el patio del colegio se llenó de sillas y carteles. Algunos padres llegaron con café en termos, otros con expresiones de escepticismo. La banda titubeó al comenzar, pero al tocar la primera canción, una fusión de cumbia y rock inspirada en el mural de arte local que Elena había ayudado a pintar, los espectadores comenzaron a golpear palmas. Cuando Camila se atrevió a levantar el violín y tocar el *Verano* de *Las Cuatro Estaciones* sobre el fondo de la guitarra eléctrica de Tomás, un grupo de estudiantes mayores se unió al canto. Al final, la profesora Elena se paró frente al micrófono. «No se trata de salvar una materia, sino de recordar que la creatividad no tiene precio». La recaudación no cubrió el costo total del presupuesto, pero sí bastó para convencer al director. «La alegría que mostraron hoy», le dijo, «vale más que cualquier reporte de ganancias». A la mañana siguiente, los chicos encontraron un papel en el armario de arte: la resolución en favor del programa de la profesora Elena. Camila sonrió y abrazó a Tomás. «La próxima vez», murmuró, «tendré menos miedo». Lucía miró por la ventana las montañas nevadas del fondo y escribió una nueva línea en su diario: «Hoy aprendimos que a veces, el cambio comienza con una nota». El colegio no solo salvó la clase de arte, sino que organizó un coro y un taller de teatro, inspirado por la energía de los cinco adolescentes que creyeron en el poder de la música.

3) ¿Cuál es la idea principal del texto?

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📖 Lectura

En el rincón más oscuro de mi habitación, guardo un diario con la portada de cuadros rojos. Lo encontré hace un año en una tienda de artículos escolares del centro de Santiago, cuando Matías y yo caminábamos rumbo a la escuela. Él no entendió por qué lo elegí antes que el verde con estrellas que le gustaba, pero en el fondo lo sabía: aquel cuaderno sería el testigo silencioso de todos los secretos que compartíamos bajo el sol de la plaza 17 de Septiembre. Hoy, con las páginas amarillas por el uso y un aroma a frutilla que se me ha pegado al escribir con el bolígrafo de Matías, anoto con lápiz el número 234 en la esquina superior. ¿Cuántas veces lo abrí para dejar salir palabras que no me atrevía a decirle? Esta mañana, cuando lo vi por última vez en el andén del tren, me di cuenta de que el diario ya no tiene espacio suficiente. 'Lucía, el tren para Punta Arenas sale en cinco minutos', leí en su boca la frase que no se atrevió a completar. Su mochila azul, llena de libros de cómics que le prestaba, estaba tirada en el suelo como si pesara toneladas. Sentí un nudo en la garganta tan fuerte que me pregunté si podría tragar la saliva. Matías me sonrió, pero sus ojos no brillaban como siempre. En ese momento, el diario me cayó de las manos y se abrió en la página donde había escrito: 'Hoy Matías me contó que su papá consiguió un trabajo en la Patagonia. Nunca imaginé que se acabara tan rápido'. El viaje de Matías no fue anunciado con un alivio, sino con el lamento de un cielo que se nubla sin previo aviso. Algunas veces habíamos imaginado que él se convertiría en marinero o que yo sería la que viajara, pero ahora todo se veía distinto. En el diario, dibujé dos corazones entrelazados y escribí: '¿Se pueden amar dos ciudades al mismo tiempo?' Durante la semana anterior a la partida, nos convertimos en dos sombras inseparables. Lo ayudé a empacar, aunque cada libro que guardaba en la maleta me hacía sentir como si estuviera enterrando un pedazo de mí. 'No te preocupes, en diciembre estaré de vuelta para el recital de la escuela', me aseguró mientras ordenábamos las figuritas de fútbol que coleccionábamos. Pero hoy, viendo el tren alejarse con su compartimento entreabrirse y los rayos del sol iluminando la mochila que ya no está, pienso que las promesas no son como los trenes: no siempre regresan a la estación. En la última página del diario, escribí: 'Hoy desapareció un rincón de mi habitación. Allí donde estaba el cuadro con los dos pescando en el río Mapocho, ahora solo hay un vacío. Mi papá dice que hay que dejar crecer los sueños, pero ¿qué pasa con los que necesitan de otro corazón para hacerse realidad?'. Cuando el tren se perdió en la curva del camino, me di cuenta de que el diario no era solo un cuaderno de palabras: era un puente hecho de recuerdos. Por eso, hojeando entre las páginas, encontré la mejor manera de despedirme: escribirle una carta y meterla en el buzón correccionista de la esquina, aquel que se parece al dragón de cerámica que decoraba su mochila. Mañana, con el sol de primavera de Santiago poniendo color en las hojas, recibiré mi primera carta desde Ushuaia. En la esquina inferior derecha, su firma me recordará que aunque los trenes no siempre regresen, los corazones entrelazados aprenden a latir solos. Al menos, eso espero mientras dejo el diario de los dos corazones sobre mi escritorio, abrazado al libro de poemas que me regaló en nuestro último cumpleaños compartido.

4) ¿Cuál es la idea principal del texto?

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📖 Lectura

En el ático polvoriento, bajo la silla de mimbre, un cajón de madera respiraba en silencio. Abrió el niño, con manos temblorosas, suaves como el viento de primavera que acaricia los cerezos. Dentro, un abrigo desteñido olía a sal de mar y a besos en el aire. Las telas susurraban historias de costas lejanas donde el sol no abrazaba igual. Un compás oxidado señalaba norte, pero el corazón de su abuelo marcaba otro rumbo: hacia la esperanza que florecía en bolsillos vacíos. Letras arrugadas, escritas con tinta que lloraba, dibujaban una palmera en medio de la nieve. Sus bisabuelos, convertidos en caricaturas, caminaban por carreteras que no conocían, sosteniendo el mundo entre sus dedos. El ruido del tren que pasaba al costado del edificio se hacía eco de los pasos que aquellos dos habían dado. Una medalla de plata, tallada en forma de faro, brillaba incluso en la oscuridad. El abuelo la usaba para encontrar el camino en noches sin luna, mientras el abrigo lo protegía de inviernos que no sabía cómo besar. Ahora el niño, con ese compás en la palma y la medalla al cuello, siente cómo el viento le cuadra la espalda. Sus ojos brillan con la misma fuerza que la luz de un faro, buscando horizontes que no han sido dibujados. ¿Qué tesoros guardará su propia caja cuando sea viejo?

5) ¿Cuál es la idea principal del texto?

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