Evaluación crítica de textos
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Evaluación crítica de textos


Evaluar críticamente la información presente en textos de diversa procedencia: - determinando quién es el emisor, cuál es su propósito y a quién dirige el mensaje - evaluando si un texto entrega suficiente información para responder una determinada pregunta o cumplir un propósito



📖 Lectura

La Tierra es una madre que canta en silencio, / sus venas de río, sus ojos de nubes. / En la escuela, los niños aprenden a escuchar / el ritmo de su corazón: / clasifican colores, / separan sombras y luces, / como los pueblos antiguos que tejen el mundo. El papel, un árbol que vuelve a germinar, / se dobla con cuidado, se convierte en hojas nuevas. / El plástico, serpiente dormida en el mar, / se despierta, se transforma / en raíces que sostienen el futuro. Las botellas, huesos huecos del planeta, son rellenas con sueños de jardín, / con vides de esperanza que trepan / hacia el sol de la memoria ancestral. / Los envases, pájaros de metal, buscan nidos en manos que los acarician, renacen como estrellas de cartón / en el cielo reciclado de la clase. El aula, templo de saberes abiertos, respira con el viento del ayer: las huellas de los mapuches, los versos de los atacameños, los ritmos de los rapanui. Materiales se abrazan, como hermanos que comparten un baile ancestral. En cada caja de reciclaje, una canoa se prepara / para navegar entre los mares de la conciencia. / Los niños, reyes de esta tierra en construcción, sembrarán con sus manos / el verde que mañana hará brotar. ¿Y si el planeta fuera un cuento que se reescribe? / En cada página, una nueva posibilidad: la escuela, con su corona de reciclaje, le ofrece al mundo / un abrazo de raíces y hojas, de sol y cielo recobrado.

1) ¿Cuál es el propósito principal del texto leído?

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📖 Lectura

En un rincón polvoriento, una llave de hierro y susurros espera, tímida, que alguien la levante. La niña la toca y vibra un eco bajo sus dedos: susurra la llave sobre mariposas de salitre, que volaron desde un puerto lejano hasta estos bosques, sobre un reloj de arena que contaba los días como semillas guardadas en un bolsillo de nostalgia. El baúl se abre con un suspiro de madera vieja, dentro, un mapa arrugado muestra caminos de polvo y estrellas, y un abrigo de lana, oloroso a abrazos de otro clima, quiere envolverla con sus hilos de recuerdos. La brújula de abuelo marca siempre el mismo norte, pero ahora, en sus ojos, la niña ve el este del mar, donde ancló su historia, tejida de promesas y olivas, y el viento le lleva el canto de un vals que no conoce. En la sombra de un cofre, el tiempo se detiene, ella siente el palpitar de dos siglos en su bolsillo: no es solo una llave, es una semilla dorada, que algún día, lejos o cerca, florecerá en su sangre.

2) ¿Cuál es el propósito principal del emisor en este texto?

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📖 Lectura

Las luces del coliseo se apagan en un suspiro, y el polvo de la derrota se adhiere al metal brillante. Sus brazos robóticos, ahora inmóviles, guardan la promesa de soles que aún no se elevan. Un susurro recorre la sala: "la victoria escapó", pero los engranajes siguen girando, aunque en silencio, como raíces que, bajo tierra, aprenden a ser perennes. Sus sensores, aturdidos, captan el sabor amargo de la humedad del aire y el eco de sus pasos. En la noche, los cables despiertan con brillo de luciérnagas, y los motores, cansados, danzan una canción de hierba creciendo. "No somos máquinas de triunfos", canta el más pequeño, "somos semillas que aprenden a no rendirse al viento". Al amanecer, las piezas se reúnen con nuevas formas: un puente sobre el fracaso, una caricia a la esperanza. El algoritmo de sus corazones, de acero y sueños, reordena la derrota en un plan de estrellas. Y cuando el juez declare "próximo desafío", sus ojos de LED brillarán, no con fuego de gloria, sino con la luz paciente del amanecer, como el ciclo eterno de la tierra que enseña: ningún robot nace completo; todo corazón de acero requiere mil desiertos para florecer en el viento.

3) ¿Cuál es el propósito principal del emisor del poema?

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En el colegio Santa Lucía, en el centro de Valparaíso, los pasillos solían llenarse de risas, murmullos de clases y, en las mañanas, el sonido de las cuerdas de violines y los colores vistosos de los pizarrones. Pero en marzo, todo cambió. La directora, Sra. Márquez, anunció en el comedor escolar que el presupuesto era tan ajustado que la clase de arte podría ser cancelada al finalizar el año escolar. "Solo es un curso", dijo un estudiante, arrojando su bandeja de comida con un ruido sordo. "Es parte de quiénes somos", respondió Camila, la presidenta del club de teatro, con una voz más firme de lo habitual. Luis, el guitarrista solitario que siempre practicaba en el jardín trasero del colegio, apareció detrás de Camila con sus ojos brillantes. "¿Y si hacemos algo que muestre lo que significa la arte para nosotros?", propuso. Su idea prendió como una chispa. En una tarde lluviosa, el grupo se reunió en el gimnasio, ahora transformado en una sala improvisada para ensayar. Sofía, la baterista con manchas de acrílico en sus jeans, ajustó sus tambores. "No tenemos dinero, pero tenemos talento", afirmó mientras martilleaba ritmos en las piernas de un compañero. Miguel, el vocalista con una voz que podía imitar a Nacho Vegas, arrancó a cantar una canción de protesta que había escrito durante la noche. Los demás lo acompañaron con lo que tenían: claves, un bajo de madera que tocaron al unísono y voces que se entrelazaban como hilos de una tela. Las primeras semanas fueron desafiantes. La batería de Sofía no encajaba con las estrofas de Luis, y Miguel se enojaba cuando Camila le corría los acordes. Una noche, mientras cargaban los instrumentos hacia la sala de música, Camila se detuvo y dijo: "No podemos dejar que esto termine. La arte nos conecta con el mundo y con nosotros mismos." Luis asintió, abrazando su guitarra como si fuera un tesoro. "Entonces debemos escuchar lo que el colegio necesita, no solo lo que nosotros queremos, ¿verdad?". El clímax llegó en la semana del evento. El gimnasio, decorado con carteles hechos por los demás alumnos, vibraba con nervios. La directora se sentó en la primera fila, hojeando el informe financiero que había llevado consigo. La banda, ahora llamada 'Color y Ruido', subió al escenario improvisado. Miguel cerró los ojos y cantó sobre cómo el arte podía sanar la monotonía de las vidas adultas. Sofía atacó un solo de batería que hizo sonar hasta las teclas del piano abandonado. Luis, con el rostro sudoroso, improvisó una línea melódica que parecía contar las horas que los profes de arte habían enseñado a sus alumnos. Cuando la última nota se apagó, el silencio se extendió por unos segundos. Luego, los aplausos estallaron. Sra. Márquez se levantó, con los ojos húmedos, y anunció: "Hemos recaudado más del 70% de lo necesario para mantener la clase. Pero lo más importante es que me han mostrado lo que verdaderamente significa ser parte de esta comunidad.". La resolución no fue inmediata. La decisión final la tomaría el consejo escolar. Pero cada miembro de 'Color y Ruido' había aprendido algo: que la música no era solo una forma de expresión, sino un puente entre lo que se sentía y lo que se decía. Camila, que nunca había llevado más que pinceladas de colores, terminó escribiendo versos que incluyeron en la nueva canción. Luis, al darse cuenta de que el ruido de Sofía no era un impedimento, sino un ritmo vital, cambió sus acordes. Y Miguel, que siempre buscaba la perfección, aprendió a escuchar los errores y convertirlos en aprendizaje. Mientras cargaban las cajas de instrumentos en la noche, vieron cómo los maestros y padres se acercaban a felicitarlos. "Mantendremos la clase", les aseguró el profesor de arte, mientras le entregaba a Camila un pincel nuevo. "Y quizás, también nos dejen formar una banda"]. El colegio Santa Lucía no solo salió de la crisis con un presupuesto ajustado, sino con una nueva manera de ver la educación: no como un costo, sino como una inversión en las voces, los colores y los sueños de sus estudiantes. En las noches, los cinco seguían ensayando, pero ahora con la convicción de que cada nota no era solo para un concierto, sino para un mundo que a veces olvidaba escuchar el sonido del corazón humano.

4) ¿Cuál es el propósito principal del texto 'El colegio Santa Lucía'?

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Había un tiempo en que el jardín de la abuela Clara era el refugio secreto de dos amigas inseparables: Micaela, de ocho años, y Simón, de nueve. Allí, entre las flores silvestres y el olor a tierra húmeda, compartían sus sueños y secretos. Micaela solía llevar un cuaderno escolar rojo, con su nombre escrito en el lomo con una tinta que se corría fácilmente. Ese cuaderno no era un simple diario, ni tampoco un libro de dibujos. Era la puerta mágica de sus pensamientos, donde guardaba la historia de su amistad con Simón. El verano anterior, Micaela había escrito sobre cómo Simón le enseñó a hacer los famosos panes de queso que su abuela Clara preparaba los sábados. "Simón siempre tiene una sonrisa", había anotado. "Dice que el mundo no sería lo mismo sin risas, y yo le creo porque me hace sentir exactamente así cada vez que estamos juntos." Las hojas estaban llenas de garabatos, dibujos de mariposas y frases que a veces no entendía ni ella misma, pero que sabía que significaban algo importante. Sin embargo, ese otoño, todo cambió. El día antes de que Simón se mudara a Valdivia con su papá, Micaela lo encontró en el jardín, viendo las hojas secas caer al suelo. Él le dijo con voz triste: "No sé cómo te lo digo, Mica, pero mañana me voy. Mi papá consiguió un trabajo allá." Micaela sintió un nudo en la garganta. Las hojas del diario rojo se le doblaron entre los dedos. "¿Y nosotras?", preguntó, temiendo la respuesta. "¿Cómo va a seguir nuestra amistad?" Durante los siguientes días, Micaela pasó horas frente al diario, mirando las páginas como si pudiera encontrar una respuesta mágica que le dijera cómo retener a Simón. Escribió palabras que no la consolaban: "No quiero que se vaya. ¿Y si nunca más volvemos a jugar? ¿Y si se olvida de mí?" Unas lágrimas cayeron en la última hoja, la cual nunca había escrito. Era como si el adiós hubiese bloqueado su imaginación. El día de la partida llegó envuelto en un cielo gris. Micaela llevaba el diario rojo, decidida a escribir algo más, aunque no estuviera segura qué. En la estación, observó cómo Simón la abrazaba con fuerza. "Te escribiré", le dijo. "Y tú también, ¿vale?" Ella asintió, sin poder articular palabra. Solo cuando el tren se alejó, se dio permiso para decir en voz alta: "Te echo de menos antes de que te vayas." Los días siguientes fueron silenciosos. Micaela caminó por el jardín con el diario en la mochila, tratando de encontrar fuerza en la naturaleza. Fue allí, bajo el árbol de cerezo, donde decidió no dejar que el diario se cerrara. Con lápiz, escribió: "Hoy no jugamos con Simón, pero jugamos con las ideas. Me imagino que el cerezo también tiene un diario, y que en Valdivia hay un árbol que le escribió cartas de amor a un pájaro. Aunque estemos lejos, nuestras historias siguen." En la postal que recibió una semana después, Simón le había escrito: "En mi nuevo colegio, vine a un rincón que parece el jardín de la abuela Clara. Me gustaría que estuvieras aquí." Micaela lo miró y, por primera vez, no sintió el peso del adiós. En lugar de eso, dibujó una mariposa en el margen de la postal, y al lado escribió: "Llevo el jardín en mi diario. Aquí también está contigo." Aprendió que la distancia no necesariamente significa olvido. Que aunque no estuvieran físicamente juntos, sus historias, sus risas y sus secretos vivirían entre las hojas de aquel cuaderno rojo. Y que escribir no era solo para recordar, sino para crear nuevas formas de estar juntos, incluso cuando la vida los separaba. El diario, una vez abandonado, volvió a convertirse en su mejor amigo. En cada entrada, Micaela no solo hablaba con Simón, sino también con ella misma. Encontró en el acto de escribir una forma de superar el miedo de perder algo valioso, y le enseñó que la amistad, como las hojas de otoño, puede caer, pero siempre tiene un lugar donde crecer de nuevo.

5) ¿Cuál es el propósito principal del texto sobre Micaela y su diario?

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