Reflexión sobre la experiencia humana
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Reflexión sobre la experiencia humana


Reflexionar sobre las diferentes dimensiones de la experiencia humana, propia y ajena, a partir de la lectura de obras literarias y otros textos que forman parte de nuestras herencias culturales, abordando los temas estipulados para el curso y las obras sugeridas para cada uno.



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vagones de hierro que no rugen sino susurran al oído de la niebla sus ruedas son un latido que no acaba el paisaje corre como un sueño atrasado la niña dibuja en la ventanilla con el dedo una carita que evapora cuando el tren cruza el puente de la duda cada riel es un minuto que no se vuelve los asientos se llenan de maletas huecas cada equipaje guarda un nombre olvidado la billetera del recuerdo pesa como una piedra en el bolsillo del mañana el andén anterior fue una laguna de chapoteos y gritos que no se ahogaban ahora el horizonte es un laboratorio de humo y números que no tienen sonrisa el ferrocarril es un reloj sin manecillas que dobla las esquinas del tiempo con sus luces amarillas jugando a alumbrar el camino antes que el camino se olvide el niño se transforma en un adulto cuando el tren hace su quinta parada los juguetes quedan en el vagón anterior como hojas secas que el viento no recoge y tú, pasajero de esta vía sin retorno ¿dónde dejaste el mapa del sendero? perdido entre la bruma de los arrancos o tal vez guardado en el compartimiento onde el眨眼 no vuelve a abrirse por miedo el ferrocarril continúa con sus ruidos de hierro y certeza mientras el sol se pinta en los cristales de colores que no recordabas cada viaje es una pregunta sin boleto de regreso

1) A partir del poema, reflexiona sobre cómo se representa el paso del tiempo y la pérdida de la niñez en la experiencia humana. ¿Qué dimensión de la vida cotidiana se pone en evidencia en el viaje en tren? Fundamenta tu respuesta con al menos dos imágenes del texto.

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2) En el poema, el pasajero ha perdido el mapa del sendero. ¿Qué motivaciones o prejuicios internos podrían explicar esta pérdida? Infiere a partir de las imágenes de 'la bruma de los arrancos' y 'el compartimiento donde el parpadeo no vuelve a abrirse por miedo'.

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ESCENA: Dos apartamentos contiguos en un edificio antiguo de Santiago. Uno, amueblado con excesos (ADN_008C: 45 objetos visibles, incluyendo 13 televisiones apagadas), el otro, minimalista (una silla, una mesa, una planta). Fuera, truenos y viento. Un corte de luz abrupto. LUZ SOFT sobre el apartamento de don Ramón, quien reacciona gritando: «¡Pero si ya ni veo mis 93 DVDs!». Entra en pánico, abriendo cajones con frases como «¡Aquí está mi botella de agua embotellada de 2011!» mientras agarra una linterna del año 2002 que se apaga al encenderse. ENTRA DOÑA LUCÍA desde su apartamento, tratando de mantener la calma con una frase como «Bueno, siempre un apagón tiene algo positivo...». Al ver a don Ramón, pregunta retóricamente: «¿No tiene usted un plan para esto?». Él responde con sarcasmo: «Claro, doña, guardé todos los planes. Ahora mismo están en el cajón 12-B». ENCUENTRO: La escena se vuelve absurda al descubrir que don Ramón usó 20 velas para iluminar, creando un clímax de calor y humo que hace que doña Lucía ironice: «¡Hasta parece que somos protagonistas de una película de terror!». Tras colaborar para apagar una vela que prendió fuego a un catálogo de electrodomésticos, don Ramón admite: «Tal vez compré de más...». Doña Lucía, con su minimalismo, resuelve el conflicto con un gesto simple, como encender una vela con agua para medir el tiempo, y le dice: «¿Quién necesita tantas cosas cuando se puede vivir con lo justo?». DESNDO: Al final, cuando la luz vuelve, ambos sonríen para la audiencia, sin saber que el corte fue provocado por el vecino del 3º que intentó hacer un postre con una plancha eléctrica. MORALEJA implícita: La dependencia del consumo y la falta de solidaridad pueden crear desastres más grandes que la tormenta. (ACOTACIÓN: Don Ramón mira su cajón lleno de manuales sin leer y doña Lucía cuida su planta con una frase como «Es lo único que no me hace falta». LUZ FINAL: Sobre los dos apartamentos, ahora con elementos que se complementan, como una planta en el cajón de don Ramón y una caja de emergencia en la mesa de doña Lucía).

3) A partir de la escena, ¿qué dimensión de la experiencia humana se refleja en la reacción de don Ramón frente al apagón y en la actitud de doña Lucía? Fundamenta tu opinión con elementos del texto.

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4) ¿Qué motivación o prejuicio subyace en la decisión de don Ramón de guardar manuales sin leer y en la frase de doña Lucía 'Es lo único que no me hace falta'? Infiere cómo estos afectan sus decisiones durante el apagón.

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En la era digital, la proliferación de noticias falsas en redes sociales ha emergido como uno de los principales desafíos para la sociedad chilena. Un estudio reciente de la Universidad de Chile revela que el 62% de los usuarios de plataformas como Facebook o WhatsApp ha compartido información sin verificar su veracidad, generando alarmas en expertos en comunicación y ciencia política. Esta problemática no solo atenta contra la calidad de la información, sino que pone en riesgo la capacidad colectiva de discernir la verdad, un pilar fundamental para el funcionamiento de cualquier sistema democrático. Las redes sociales, diseñadas originalmente para facilitar la conexión interpersonal, han evolucionado en complejos ecosistemas de comunicación masiva. Sus algoritmos, encaminados a maximizar el tiempo de permanencia en la plataforma, priorizan contenido emocionalmente cargado o polémico, independientemente de su exactitud. Según Karla Pinto, académica del Departamento de Ciencias de la Comunicación, "los algoritmos de recomendación actúan como amplificadores de narrativas que generan alarma colectiva, beneficiándose de la ambigüedad semántica y la velocidad del compartir". Este mecanismo, combinado con la desinformación deliberada, ha creado una situación en que la emoción gana terreno sobre la verificación. En el contexto chileno, la crisis sanitaria del coronavirus evidenció con crudeza este fenómeno. Durante 2020, más del 40% de los chilenos consultó redes sociales como principal fuente de información sobre vacunas, y el 35% de esos contenidos contenían inexactitudes o manipulaciones. La Academia Nacional de Medicina documentó casos donde desmentidas oficiales fueron ignorados por el 70% de la población, que prefirió adherirse a versiones alternativas compartidas en grupos privados. Esta dinámica no solo complica la toma de decisiones informadas, sino que generó un distanciamiento entre ciudadanos y autoridades sanitarias. La falta de alfabetización mediática amplifica estos efectos. Un sondeo de la Fundación Escuela Nueva indica que solo el 28% de los jóvenes entre 14 y 19 años posee habilidades básicas para evaluar críticamente una noticia. En una sociedad donde el 87% de los accesos a internet ocurren a través de dispositivos móviles, la brevedad y la estética visual de los contenidos suplantan la rigurosidad del análisis. Como lo explica el periodista Samuel Vargas, "hemos entrado en una cultura del 'tuit fast', donde el instinto de compartir supera al instinto de preguntar". Las consecuencias trascienden el ámbito informativo. Durante el plebiscito constitucional de 2022, grupos especializados detectaron más de 150 campañas de desinformación que buscan polarizar la opinión pública. Estas iniciativas, muchas de ellas con orígenes extranjeros, generan fragmentación ideológica y deslegitiman instituciones democráticas. Un ejemplo paradigmático es la viralización de memes falsos que atribuían a figuras públicas declaraciones que nunca pronunciaron, perjudicando la confianza en el proceso electoral. La polarización informativa, alimentada por contenido sesgado, crea burbujas algorítmicas donde solo se escuchan voces afines. Esto se traduce en una dificultad creciente para construir consensos mínimos necesarios en una democracia. "Cuando las personas viven en realidades paralelas, cada elección se convierte en un enfrentamiento epistemológico", analiza la filósofa Alejandra Matus. Esta fragmentación afecta especialmente a comunidades marginadas, que a menudo son blanco de desinformación que profundiza estereotipos. Ante este escenario, múltiples actores han propuesto soluciones. Desde el gobierno, se impulsan programas de educación digital en escuelas, mientras que organizaciones civiles como Fundación Chile Realizan talleres de verificación de fuentes. Sin embargo, expertos coinciden en que estas iniciativas deben complementarse con regulaciones que obliguen a las plataformas a reducir la viralidad de contenido no verificable. "Es urgente una legislación que exija transparencia algorítmica", sostiene el abogado Cristián Silva, especializado en regulación digital. La cuestión plantea un dilema: ¿Cómo equilibrar la libertad de expresión con el derecho a información veraz? Mientras plataformas tecnológicas defienden su neutralidad, gobiernos y peritos reclaman un rol más activo en la lucha contra la desinformación. En este contexto, el ciudadano no puede ser solo un consumidor pasivo: requiere desarrollar una "etiqueta crítica" que le permita navegar los medios sin perder la base de la verdad. Como alternativa, se propone la creación de una figura profesional de verificador ciudadano, apoyado por herramientas tecnológicas de detección de patrones. Paralelamente, universidades y centros de investigación deberían integrar cursos interdisciplinarios que unan periodismo, ciencia de datos y ética digital. Solo mediante una acción colectiva -estatal, empresarial y ciudadana- se podrá reconstruir la confianza social en la información y proteger los mecanismos democráticos de su deterioro. En una sociedad donde la opinión pública se construye a partir de datos, la preservación de la verdad no es solo un ideal: es una condición sine qua non para la convivencia democrática.

5) A partir del texto, ¿cómo se explica que la emoción haya ganado terreno sobre la verificación en la experiencia humana al consumir información en redes sociales? Fundamenta tu respuesta con ejemplos del texto.

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6) Según el texto, ¿qué motivaciones o prejuicios podrían explicar que el 70% de la población ignorara desmentidas oficiales durante la pandemia? Explica cómo estas afectan sus decisiones.

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En el Valle de las Sombras, donde los cielos se teñían de ceniza por la eterna tormenta de los Espíritus, la joven Yara de los Cielos olió el viento y supo que la hora había llegado. Eras hija de las montañas, criada entre ruinas de piedra blanca donde aún se palpaba la presencia de antepasados que murieron defendiendo el Último Refugio de su gente. Pero ahora, el Antiguo Mal que durmió en las entrañas de la tierra se había despertado, y las sombras devoraban los bosques de la llanura, avanzando como un ejército de langostas hambrientas. La noche del eclipse, cuando la luna se cubrió de sangre y las estrellas parpadearon como titubeos de fuego divino, apareció el mensaje en el cielo: una corona de plata tallada en el firmamento, rodeada de constelaciones que formaban un mapa. Era la Coronilla de los Cielos, reliquia ancestral que contenía el pacto de los primeros caminantes con el Creador, y que ahora yacía en la cima del Monte de las Almas, protegida por guardianes espirituales desde la caída de la Capital de Cristal. Yara se arrodilló ante los exiliados que había reunido: el anciano Mapuche Kelmuc, ciego pero dueño de la sabiduría ancestral; el ermitaño de los Andes, Tahuín, cuya espada curvada brillaba con el mismo metal que las estrellas; la joven alquimista Eleni, con cabello de fuego y un corazón de piedra de la cordillera; y los otros, los marginados que la tierra rechazaba: huérfanos de guerras olvidadas, ciegos del sol, heridos por el veneno de la maleza. Todos caminaban con el horizonte marcado por la Coronilla, aunque no supieran aún que su destino los llevaría a enfrentar a la bestia del Invierno Eterno. El primer obstáculo fue la Desierto del Aliento de Ígneo, donde el calor era un dios cruel y el viento soplaba como lenguas de fuego. Allí, Tahuín se negó a seguir, diciendo que su espada no podría sostenerse contra un frío más antiguo que el mundo. Pero Yara, con voz de trompeta de los cielos, le recordó que el frío que buscaban no era de la tierra, sino del alma: "¡Paguemos con nuestra piel la deuda que nuestros abuelos dejaron sin saldar!". Cuando el río de hielo los alcanzó, trayendo consigo la niebla del Monte de las Almas, Eleni derramó su sangre en la tierra para crear un puente de cristal. La niebla rugió, con bocas sin labios, y trató de devorarla. Kelmuc, con canto de runas antiguas, llamó a los espíritus guardianes, y uno de ellos, un león de luz que olía a cenizas de volcanes dormidos, se interpuso entre la bestia y la joven, ofreciendo su propia luz para sellar la grieta. A media noche, bajo el cielo de la Coronilla, Yara alcanzó la cima. La reliquia reposaba sobre un altar de piedra, iluminada por la luz que brotaba de la montaña. Pero el Invierno Eterno no dormía allí: su bestia, un dragón de escamas negras y ojos blancos como la espuma de la tormenta, se alzó entre ella y el sagrado objeto. La batalla fue silenciosa, como una canción que se niega a morir. La espada de Tahuín, recalentada con el alma de los volcanes, cortó el aire con runas que retumbaron en el tiempo. Eleni mezcló el veneno de los árboles con el agua de la cima para desarmar las garras del dragón. Cuando la Coronilla estuvo en su mano, el Monte de las Almas se estremeció. La niebla se levantó, traíendo consigo las voces de los antepasados. "No es solo un objeto", susurró la voz de un guerrero cuyo rostro se perdió en la guerra de los cielos, "sino un testigo. Solo quien acepte pagar el precio del rey de la luz podrá llevarlo.". Yara, con sangre en las manos y el corazón desgarrado por la muerte de los suyos, se arrodilló ante la reliquia. La Coronilla brilló, y con cada llanto de dolor, un portal se abrió hacia la Capital de Cristal. El rey de la luz, cuyo cuerpo era de niebla y cuyo reino se había perdido en la historia, caminó entre ellos, y con su mirada selló el pacto que salvaría a su pueblo. Al amanecer, el grupo descendía con la Coronilla envuelta en un manto de estrellas. La tierra bajo sus pies se calmaba, y las sombras retrocedían como mareas ante la luz. Pero Yara sabía que la batalla final estaba aún por llegar: el rey de la luz exigía un precio, y el corazón de la heroína estaba preparado para pagar con honor, si los dioses lo permitían.

7) A partir de la travesía de Yara y su grupo, ¿qué dimensión de la experiencia humana se destaca al enfrentar los sacrificios personales por el bien común? Fundamenta tu respuesta con elementos del relato.

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8) ¿Qué motivación o prejuicio lleva a Tahuín a negarse a seguir en el Desierto del Aliento de Ígneo, y cómo afecta esta decisión al desarrollo del viaje?

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Matías terminó de empacar su mochila con un suspiro. La casa de su abuela en el Valle de Aconcagua parecía sostener el tiempo en sus paredes grises y sus ventanas ovaladas. Llovía con suavidad ese atardecer de invierno, y el olor a yerba mate recién hecha se mezclaba con el aroma a madera vieja. Su abuela lo encontró hojeando cajones del comedor, buscando recuerdos para llevar a la ciudad. —No toques el último cajón del armario —le advirtió ella, con esa voz que siempre sonaba como un susurro de hojas mojadas. Pero el viento del río que pasaba cerca de la casa llevaba consigo una curiosidad insaciable. Allí, entre cartas amarillentas y fotos borrosas, descubrió un diario de cuero marrón con grabados de olas. Las páginas crujían al tocarlas, y la caligrafía temblorosa de don Esteban, su bisabuelo, parecía murmurar bajo la lluvia. "1938. El río me trae la culpa desde que lo abandoné aquel día. Vine con el corazón roto y las manos vacías, pero no pude regresar. María no me perdonaría, ni yo a mí mismo" Matías sintió un escalofrío. María... ¿No era el nombre de la bisabuela? Las entradas contaban una historia oscura: don Esteban había sido funcionario en un gobierno que persiguió a sus vecinos, entre ellos a María, cuyo hermano desapareció en las primeras noches de violencia. El diario revelaba una culpa silenciada por generaciones, un perdón que nunca se concretó y una identidad construida sobre una mentira. Los días siguientes, Matías caminó por el río, donde don Esteban solía pescar. Encontró piedras lisas y una vieja canoa rota, como si el agua hubiera borrado rastros de arrepentimiento. Su abuela, al verlo ausente, lo llamó a la cocina y le sirvió un chocolate humeante. —¿Y si es más fuerte el río que las palabras? —preguntó ella, mirando la tormenta desde la ventana. La tormenta lo abatió esa noche. Matías leyó entre líneas: don Esteban había intentado enterrar el diario en el río, pero la corriente lo devolvió, como si no pudiera aceptar el silencio. La última entrada era una carta abierta a María, nunca enviada, donde rogaba por su perdón y ofrecía su identidad como puente entre el pasado y el presente. En la madrugada, Matías llamó a su padre, cuya voz parecía salir de un sueño antiguo. Le leyó fragmentos del diario, y al final, su padre soltó un gemido que no era de dolor, sino de liberación. Juntos decidieron llevar el diario a la tumba de don Esteban, donde la lluvia ya no caía, sino que brillaba bajo los faroles del camposanto. Cuando abrieron la lápida, no encontraron huesos, sino la canoa que don Esteban había amarrado allí décadas atrás. Su padre lo miró con los ojos húmedos y dijo: —¿Sabes por qué siempre lo llamábamos 'el río del perdón'? Matías negó con la cabeza. Su abuela apareció con una lámpara de aceite, y entonces entendió. El diario no era un secreto que rompiera el pasado, sino un espejo que le devolvía una pregunta: ¿Podía él, ahora, convertir la culpa en flujo? ¿Podían las nuevas generaciones reconstruir la identidad familiar no como fábula, sino como aprendizaje? La lluvia cesó. El río fluía tranquilo, y Matías comprendió que el perdón no era un final, sino un curso de agua donde todos podían aprender a remar juntos.

9) A partir del relato, ¿cómo se relaciona el perdón con la construcción de la identidad familiar? Fundamenta tu respuesta con ejemplos del texto.

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10) ¿Qué motivación o prejuicio lleva a la abuela a advertir a Matías que no toque el último cajón del armario? Explica cómo esta advertencia influye en las decisiones del personaje.

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