Siglo de Oro
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Siglo de Oro


Comprender la relevancia de las obras del Siglo de Oro, considerando sus características y el contexto en el que se enmarcan.



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En la cima del Ande, un tulipán de hielo se abraza al amanecer, terso como el cristal. Sus pétalos, prendidos de fuego solar, florecen en un rito sin retorno, efímero y cruel. Las aves, emisarias del viento, desgastan el tiempo con sus alas de pluma y arena. La nieve, que en la niñez era frescor, hoy duerme en el lecho del río, tersa y ciega. ¿Qué queda del verano que nos alzó, como olas de la bahía en madrugada? Los ojos, que eran sinfonías de luz, se hunden en el abismo de la edad. El amor, río que fluye y fluye, aunque la flor se marchite, lleva en su orilla la huella del canto, el eco del follaje, que la montaña preserva, yace y aguarda. En cada viento que rompe la calma, en cada sol que se esconde detrás de la llama, la belleza halla un nuevo nombre: el alma que regresa, más pálida, más sutil. La llama se apaga, pero el rastro, la llama que regresa, más pálida, más sutil.

1) Identifica el verso del primer párrafo que refleja el tópico del Siglo de Oro del 'tempus fugit' (la brevedad de la vida).

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2) El texto sostiene que 'la montaña preserva, yace y aguarda'. ¿Qué implicancia cultural tiene esta imagen respecto de la función social de la poesía en el contexto del Siglo de Oro?

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3) El poema plantea el conflicto entre la belleza pasajera y la permanencia del recuerdo. En la sociedad actual, ¿crees que este conflicto sigue teniendo vigencia? Emite una opinión fundamentada.

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La primera tarde en Quintero olió a salitre y a nostalgia. Clara bajó del bus con una maleta desgastada y el cráneo pesado de la siesta. El cielo era una tela rasgada por nubes grises que se arrastraban como fantasmas sobre los cerros. Caminó entre los encachados muros de adobe hasta la casa de la abuela, donde el tiempo se había condensado en un aliento frío. —¿Llegaste bien, niña? —preguntó la anciana desde la cancha de rejas, con la mirada clavada en el mar. Su silla de pino crujió al moverse, como si fuera a desarmarse con cada palabra. Clara vio en ella, por primera vez, el rastro de una vida truncada. La abuela nunca había mencionado qué pasó con papá aquel 1973. Durante la cena, mientras la abuela preparaba sopaipillas con manteca de cerdo, Clara rozó el cuarto donde él solía esconderse a leer. La puerta estaba medio caída, los goznes oxidados. Dentro, una caja de madera de curtidor descansaba bajo un montón de ropa vieja. Cuando la abrió, encontró cartas con sellos de Oslo, una foto del papá joven con un hombre desconocido, y un diario con la frase: "La verdad se libera cuando ya no importa". Flashback. El papá, treintón y con ojeras, le explicaba con cuidado el juego de los espejos. "Cada reflejo tiene su propio tiempo", decía, mientras ella lo observaba dibujar mapas en papel de diario. En aquella época, la casa era un refugio de murmullos y alertas. Los vecinos desaparecían, los gatos en la noche, los gritos ahogados en las vías férreas. La foto le quemaba los dedos. El hombre de Oslo era el dueño de la fábrica de calzado donde Papá trabajaba antes de que las cosas se enredaran. En las cartas, escrito con tinta rota, se mencionaba un préstamo clandestino para el parto de Clara. "Tu madre no sobrevivió el parto", descubrió al final de una carta doblada en cuatro. El diario, en cambio, hablaba de un sobrino que Papá había intentado salvar antes de cruzar la frontera. —¿No me contaste que eras huérfana de madre? —le preguntó a la abuela al día siguiente, con la foto en la palma. La mujer se quedó mirando el fogón, donde las brasas se habían apagado. —Tu madre murió con tus gritos en los brazos —dijo, y su voz sonó más dura que el hierro—. Pero tu padre... tu padre se fue con la esperanza de que vivieras más que él. Clara pasó horas en la bahía, hojeando el diario. En sus páginas, Papá relataba cómo un amigo le entregó una caja con el patrimonio familiar antes de huir. "La verdad no es un tesoro", escribió. "Es un peso que carga la barca. Yo me voy, pero los recuerdos te esperan aquí para que los repartas entre las olas." Esa noche, un terremoto sacudió el pueblo. Clara despertó con la abuela gritando: —¡El cuarto! ¡El cuarto! Al correr, vio caer una estantería con libros de leyes. Entre los volúmenes, una carpeta de cuero con documentos oficiales. Eran testamentos: el de Papá, fechado en 1982, y el de la abuela, donde especificaba que todo debía ser quemado." —¿Por qué? —Clara sostenía los papeles como si fueran salidas de una mina. —Porque tu padre era el curtidor, no el trabajador —suspiró la abuela—. El dueño de la fábrica. El que dio empleo a treinta familias. El que firmó la denuncia contra el dueño real. El diario se abrió por una página que no había visto antes. Papá contaba la noche del 1973, cuando se vio obligado a elegir: salvar a su hermano menor, un joven activista, o embarcarse con lo poco que logró rescatar. "Tuve que dejar la piel de mis recuerdos", escribió, refiriéndose al negocio y al hermano. "Pero no la piel de mi alma." Al amanecer, Clara caminó hacia la playa. Encontró el escondite donde Papá había enterrado el dinero y los documentos falsos que usó para salir. Allí, la marea había dejado una caja de madera similar a la de los recuerdos. La abrió con manos temblorosas. Dentro, un retrato del hermano menor, muerto en un accidente de tránsito en 1974, y una carta dirigida a ella. "Perdóname," rezaba. "Tuve que huir con los dólares de la fábrica, pero te prometo que un día regresarás para devolver el honor." En el presente, Clara observó la bahía. Eran las mismas aguas que había visto en sus sueños. La abuela le preparaba un mate cocido cuando entró en la casa. —¿Vas a quemar todo? —preguntó, señalando la carpeta de testamentos. —No —respondió Clara—. Voy a abrir la fábrica. La abuela no dijo nada, solo movió la cucharita de plata en el mate. Un barco de pesca cruzaba el horizonte, y Clara supo que algo se rompía y se recomponía en el mismo movimiento. La caja con la historia del hermano desaparecido permanecía sobre la mesa, al pie de la foto de Papá joven. No sabía si lo había perdonado. No sabía si quería perdonarlo. Pero algo le decía que, en ese pueblo de olas y silencios, las heridas no se cerraban, sino que aprendían a convivir con la sal del mar."}

4) En el texto, ¿qué elemento es característico de las obras del Siglo de Oro español?

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5) ¿Qué contexto histórico-social se infiere del relato?

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6) A partir del conflicto del texto sobre la memoria histórica y los secretos familiares, ¿consideras que este conflicto sigue teniendo vigencia en la actualidad? Fundamenta tu respuesta.

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ESCENA I (Sala de audiencias antigua, con arcadas de madera oscura. Una gran balanza de justicia cuelga del techo, su cadena oxidada cruje al moverse. El JUEZ, de rostro surcado por arrugas que guardan secretos, ajusta su toga con manos que tiemblan imperceptiblemente. Enfrente, el ABOGADO, bien arreglado y con gestos precisos como cuchillos, hojea unos documentos. Al fondo, una pantalla proyecta imágenes de manifestaciones violentas y policías con escudos. El aire huele a tinta y decisiones impías.) JUEZ (mirando la balanza): Hoy pesaremos el alma de un hombre... (Pausa, sujeta el pomo de la gavilla) ¿O es mi propia conciencia lo que exige ser ajustada? ABOGADO (con una sonrisa tímida): Excelencia... el acusado intentó comprar el veredicto. No es mala costumbre, sino sabiduría. (Se inclina, señalando una carpeta) La evidencia lo acusa de financiar disturbios... pero con el debido enfoque... (pausa) Podríamos encubrir su transgresión en favor de la estabilidad. JUEZ (haciendo girar el anillo de su anillo de poder): ¿Estabilidad? (La balanza se inclina hacia la izquierda) ¿A costa de qué, don Pablo? ¿De quién son los intereses que sugiere proteger? ABOGADO (acercándose a la balanza): De la ciudad. (Señala hacia la pantalla) Mire, Excelencia... ayer otro juez se negó a este acuerdo. Hoy está despedido. Su familia... (hace una pausa) no tan protegida como podría estar. (El JUEZ se levanta de su silla, camina hacia el lado de la balanza que se inclina. Sus zapatos de cuero repiquetean como un reloj marcando el final de algo.) JUEZ: (Susurra) Ella no merece esto... (Gira el anillo con fuerza) Mi hija ama las ciencias, quiere ser astrónoma... ¿Qué le depara un juez derribado como un asteroide inútil? ABOGADO (con tono de confidencia): Exacto. (La balanza cruje) Y si accede, nadie lo sabrá. El caso se archivará bajo nuevos cargos... y el acusado, bien, (gesto con dos dedos) 'desaparecerá' sin ruido. (Se oye un estruendo desde el exterior. Las vidrieras vibran. Unas hojas de papel dan vueltas por el suelo. El JUEZ las observa, es su propia agenda, con anotaciones ilegibles sobre casos pasados.) JUEZ (tomando una hoja): ¿A cuánta justicia se ha vendido ya, don Pablo? ¿A cuántos juicios se les ha cambiado el peso de la verdad? ABOGADO (sin inmutarse): (Señalando la cadena de la balanza) Esta no es una balanza de pesas, Excelencia. Es un espejo. Y los espejos no menten, pero se pueden girar. (Le entrega una nueva carpeta) Aquí está la versión que todos desean. (La carpeta tiene la palabra 'TRANQUILIDAD' escrita con sangría.) (El JUEZ hojea la carpeta. Su rostro se nubla. En un rincón, una bandera chilena ondea en el viento, pero sus colores están desteñidos. Una silueta del ABOGADO se duplica, una en blanco y otra en negro, ambas observando con ojos vacíos.) JUEZ (repentinamente fuerte): No. (Se pone de pie, la balanza se detiene en un equilibrio inestable) La tranquilidad no se construye con mentiras. Se forja con leyes justas... y con jueces que saben que cada palabra en un fallo es una vida que pende de esta cadena. ABOGADO (con voz glacial): (Se acerca, susurrando) ¿Y si la vida que se libera hoy... destruye la tranquilidad de su hija mañana? (Señala la silueta en blanco del ABOGADO) Esa, Excelencia... es su balanza personal. (El JUEZ contempla la balanza. La cadena cruje. La silueta en negro se eleva, la bandera se hunde en el suelo. Las manos del JUEZ se cierran en puños, pero su voz suena serena.) JUEZ: Entonces pesaré con justicia... aunque la balanza se rompa. (Toma el martillo de justicia) No puedo vivir con la ambición de otros como mi única verdad. (El ABOGADO se ríe, una carcajada hueca. La silueta en negro toma el martillo del JUEZ. Él lo mira con expresión neutra. La luz se apaga, excepto un haz que ilumina la balanza. Sus brazos se inclinan lentamente, hacia un lado indeterminado. El sonido de la cadena se mezcla con los gritos del exterior.)

7) ¿Qué elementos característicos de las obras del Siglo de Oro se pueden identificar en el texto?

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8) ¿Cuál es la relevancia histórica, social o cultural de esta obra en su contexto?

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9) ¿Consideras que el conflicto entre la justicia y los intereses personales sigue vigente en la actualidad? Fundamenta tu respuesta.

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