Evaluación crítica de textos
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Evaluación crítica de textos


Evaluar críticamente la información presente en textos de diversa procedencia: - determinando quién es el emisor, cuál es su propósito y a quién dirige el mensaje - evaluando si un texto entrega suficiente información para responder una determinada pregunta o cumplir un propósito - comparando la información que se entrega sobre una misma noticia en distintas fuentes



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En el corazón de un valle dormido, ella despliega el mapa del cielo. Los faroles del barrio, como luciérnagas enfurecidas, tiran sus hilos de luz hacia las nubes, rompiendo la noche con garras de neón. Pero Clara, con ojos de telescopio viejo, busca en el frío del viento la música de los cosmos, ese susurro de plata que malvive tras el velo de la ciudad. —¡Vengan! —grita al aire, como si llamara a un ejército de llamas trémulas— la Vía Láctea se encoge, pero aún tiene historias que contar. Las manos le temblan al armar el ocular, mientras los vecinos, desde sus ventanas, confunden sus estrellas con faroles extraviados. En la madrugada, cuando los postes se cansan y dejan escapar un respiro, algunas constelaciones, tímidas, se acercan a besar su pupila. Clara dibuja el arco de Orión con tinta de soledad, y cada punto brillante que recuerda es un reto al bullicio que la presiona. Las estrellas, ahora, son sus testigos mudos: no las de arriba, sino las que arde en su pecho como fuego que se niega a extinguirse. ¿Cuántos ruidos hay que apagar para que el universo nos escuche?

1) En el poema, se presentan dos formas de percibir las estrellas: la de Clara y la de los vecinos. Compara ambas perspectivas. ¿En qué se diferencian?

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2) Identifica el propósito principal del poema y explica cómo se diferencia del propósito que tienen los vecinos al observar las luces nocturnas.

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Yura, un niño de once años perteneciente al pueblo Aymara, se sentía como un extraño en la ciudad. Su nuevo hogar en Santiago, rodeado de edificios de acero y hormigón, no ofrecía los mismos paisajes que había conocido en su aldea. Allí, los cielos estaban abiertos y el cosmos se manifestaba con claridad, pero aquí, las luces de las calles y los rascacielos ocultaban las estrellas que sus abuelos le habían enseñado a reconocer. Desde pequeño, sus abuelos le habían relatado cómo los Aymara no solo observaban el cielo, sino que lo habitaban. "Los astros son hermanos", decía Abuela Kiri mientras señalaba la Cruz del Sur con un bastón de madera. "Cuando te pieras, busca a Yaye, la estrella que guía a los niños perdidos." Abuelo Taki, en cambio, le enseñaba a interpretar los cambios en las nubes y el comportamiento de los animales para predecir el clima. "La naturaleza no miente, Yura. Escúchala y te hablará.", repetía con su voz ronca, que sonaba como el viento en las montañas. Pero en la ciudad, las luces artificiales eran tan intensas que incluso la luna se veía apagada. Yura se sentía desorientado, como si hubiera perdido su lugar en el mundo. Sus compañeros de la escuela nueva hablaban de tablets, videojuegos y conciertos urbanos, mientras que él recordaba las historias de los chullpas (tumbas ancestrales) y los rituales para honrar a Pachamama. A menudo, intentaba explicarles sus tradiciones, pero los otros niños no entendían. "¿Y qué se supone que haces mirando el cielo todo el tiempo?", le preguntó una vez Camilo, el más popular del colegio, con tono de burla. Yura no respondió. Sabía que no era fácil explicar lo que se vivía con los ojos y el alma. Un día, mientras caminaba de vuelta a casa bajo la lluvia, Yura encontró una vieja mochila olvidada en un banco del metro. Dentro había un cuaderno roído por el tiempo, con dibujos de constelaciones y anotaciones en quechua y aymara. Lo guardó como un tesoro, pues le recordó las noches en que sus abuelos le señalaban los astros con paciencia. Decidió llevarlo a clases y, durante una actividad sobre el universo, compartió con sus compañeros la historia de la Cruz del Sur. "No es solo un grupo de estrellas", les dijo, hojeando el cuaderno. "Es el corazón de Tunche, el dios del maíz, que guía a los agricultores para sembrar en la época correcta." La maestra, Ana, escuchó atentamente y luego le pidió a Yura que organizara una presentación sobre la cosmología aymara. Él aceptó, aunque el miedo lo invadía: ¿Cómo podría hacer entender a sus compañeros algo tan profundo usando solo palabras? Durante la semana preparatoria, Yura dibujó constelaciones en el techo de la biblioteca escolar con cinta adhesiva negra y marcadores brillantes. Invitó a sus compañeros a cerrar las luces artificiales para "abrir sus ojos". La noche elegida, una tormenta inesperada cortó la energía eléctrica, sumergiendo la ciudad en una oscuridad que había perdido desde la infancia de Yura. Bajo la luz de las velas y la mirada asombrada de sus compañeros, señaló las estrellas que ahora podían verse claramente. "¿Ven ese grupo de tres estrellas que forman una línea?", preguntó mientras apuntaba al cielo. "Es el Diwan, donde los dioses juegan a las canicas. Nuestros abuelos dicen que el mundo se equilibra allí. Si se caen todas, será el fin del tiempo, pero si siguen jugando, el cosmos sigue girando." Un murmullo de asombro recorrió la clase. Camilo, que antes lo había burlado, ahora preguntaba con curiosidad: "¿Y qué hay con esa estrella roja allá?". "Es Suka Qhapaq, el dios del maíz. Su color simboliza que la vida siempre da colores nuevos. Incluso en la oscuridad", respondió Yura, notando cómo las caras de sus compañeros se iluminaban con la luz de las estrellas. Camilo se acercó y le dijo, con voz tímida: "¿Podrías enseñarme a ver el cielo como tú?". El clímax llegó cuando un compañero, que había estado dibujando en su cuaderno, exclamó: "¡Estoy viendo la Cruz del Sur! ¿Cómo es eso posible?". Yura sonrió y explicó cómo, en su aldea, la gente observaba el cielo para tomar decisiones. "Nosotros no usamos relojes, usamos las estrellas. Cuando Tunche señala la dirección correcta, sabemos que es hora de plantar, de celebrar o de proteger la tierra.". La resolución ocurrió al final del año escolar, cuando Yura y sus compañeros crearon un mural en el patio del colegio que combinaba la tecnología moderna con la sabiduría ancestral. Camilo, ahora su amigo, colocó un letrero que decía: "Las estrellas no son solo luces, son historias que nos enseñan a cuidar el mundo." Yura, mirando el mural terminado, sintió que había encontrado un lugar donde ambas culturas podían convivir. Sus abuelos no estaban físicamente allí, pero sus enseñanzas habían prendido como estrellas en el cielo de Santiago. Desde ese día, los niños aprendieron a buscar más allá de las pantallas: a escuchar el viento, a observar las nubes y a encontrar su lugar en el cosmos. Yura, con su mochila y su cuaderno, se convirtió en el puente entre lo antiguo y lo moderno, entre el cielo y la tierra, entre el miedo y la maravilla.

3) Compara la información que Yura aprendió de sus abuelos (Abuela Kiri y Abuelo Taki) sobre las estrellas y el cielo con la información que encontró en el cuaderno antiguo. Menciona una similitud y una diferencia entre ambas fuentes.

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4) Identifica el propósito principal del texto narrativo (la historia de Yura) y el propósito del cuaderno antiguo que Yura encuentra. ¿En qué se diferencian estos propósitos?

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En los primeros días del otoño, los cielos de la Región de Atacama se preparan para un fenómeno que ha desconcertado a científicos y observadores durante siglos: el eclipse solar total. Este suceso astronómico, que ocurre cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, no solo transforma el paisaje visual, sino que también desencadena comportamientos inesperados en la fauna local. Un grupo de estudiantes del Colegio Científico de San Pedro de Atacama, liderado por la bióloga Lucía Márquez, decidió investigar estos cambios en busca de respuestas. Durante el eclipse del 17 de agosto de 2023, los jóvenes registraron la reacción de diversos animales. Según datos de la Universidad de Chile, la temperatura ambiente disminuyó 10°C en apenas 30 minutos, y la luminosidad se redujo a un 0,3% de su intensidad normal. Esto provocó que cóndores y gavilanes abandonaran sus nidos, mientras que los zorros andinos se acurrucaron en grupos inusuales. 'Es como si la naturaleza recibiera un mensaje que no comprende', explicó el astrónomo Pablo Rojas en una conferencia reciente. La infografía elaborada por el proyecto Explora Chile muestra que más del 70% de las aves locales muestran alteraciones en su rutina durante los eclipses. Por ejemplo, el colibrí chileno, adaptado a la luz solar intensa, redujo su actividad de búsqueda de néctar en un 60% durante las fases pico del fenómeno. En tanto, los herbívoros como el vizcacha (roedor andino) modificaron su patrón de alimentación, acercándose a pozos de agua por miedo a la oscuridad súbita. El esquema interdisciplinario de la investigación incluyó análisis de registros de fauna durante los 20 últimos eclipses en Chile. Los resultados, publicados en la Revista de Ecología Andina, revelan que el 85% de las especies presentan respuestas similares: hibernación prematura, migración local o vocalizaciones inusuales. 'Estamos observando una simbiosis entre el ciclo astronómico y la supervivencia animal', destacó la investigadora Márquez. Para contextualizar estos hallazgos, el texto incorpora un mapa interactivo que ubica las principales áreas de observación del eclipse en la cordillera de los Andes. Este recurso, disponible en la página web del Ministerio de Ciencia, permite a los estudiantes comparar registros históricos con datos en tiempo real. La parte final del artículo incluye un glosario con términos como 'umbra', 'penumbra' y 'fenómeno astronómico', facilitando la comprensión técnica. El eclipse solar del 2023 no solo fue un evento de estudio para los jóvenes investigadores, sino también una oportunidad educativa. La Dirección Meteorológica de Chile lanzó guías de observación segura, con recomendaciones para preservar la flora y fauna durante estos fenómenos. 'Los niños son observadores natos, y su好奇心 nos ayuda a descubrir nuevas formas de entender la naturaleza', afirmó la profesora Elena Torres, coordinadora del proyecto escolar. Este estudio resalta la importancia de vincular la ciencia con la observación directa. A través de colaboraciones entre escuelas y centros de investigación, se espera fomentar una cultura de respeto por el entorno y una comprensión más profunda de los ciclos celestes. El próximo eclipse, previsto para 2028, será una nueva oportunidad para que las nuevas generaciones sigan explorando los misterios de nuestro planeta bajo la mirada del cosmos.

5) Según el texto, ¿qué diferencias existen entre los datos proporcionados por la Universidad de Chile y la infografía del proyecto Explora Chile respecto a los efectos del eclipse en la fauna?

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6) Identifica el propósito principal del artículo periodístico y compáralo con el propósito del mapa interactivo mencionado en el texto.

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En el extremo oriente del océano Pacífico, la isla de Rapa Nui enfrenta desafíos ecológicos críticos que ponen en riesgo su preciado ecosistema marino. Frente a este contexto, una joven activista local, María Antúnez, lidera un innovador proyecto comunitario que combina sostenibilidad y respeto por la cultura tradicional para abordar el problema de la contaminación marina utilizando exclusivamente materiales reciclados. Su iniciativa, apoyada por organismos ambientales internacionales y la comunidad isleña, busca no solo mitigar los efectos del exceso de desechos plásticos, sino también educar en hábitos responsables con el entorno natural. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más del 80% de los residuos que llegan a las costas de Rapa Nui provienen de fuentes externas, acumulándose en las playas y amenazando la biodiversidad marina. María, de 19 años, identificó esta problemática durante un viaje escolar en el que observó cómo redes de pesca abandonadas afectaban a las tortugas marinas y aves en peligro de extinción. Inspirada por la tradición ancestral de los moai y el legado ecológico de los habitantes de la isla, propuso un plan que transforma desechos plásticos en estructuras artificiales para fomentar la vida marina. El proyecto, denominado 'Tehu Henua' (casa del mar en rapanui), ha construido 12 arrecifes artificiales utilizando recipientes de plástico reciclados y madera recuperada de embarcaciones viejas. Estas estructuras, diseñadas con la colaboración de biólogos marinos de la Universidad de Chile, imitan la forma de los arrecifes naturales y actúan como refugios para peces y corales. Según el Dr. Pablo Ramírez, especialista en oceanografía, "las estructuras artificiales han demostrado un aumento del 40% en la presencia de especies nativas en áreas donde se instalaron, comparadas con zonas sin intervención". Además, el programa incluye talleres para niños y adultos sobre la clasificación de residuos y la creación de artesanías sostenibles. En seis meses, la comunidad ha logrado reciclar más de 2 toneladas de plástico, reduciendo significativamente la basura que podría haber terminado en los océanos. La Fundación Rapa Nui, organización que respalda el proyecto desde 2022, publicó una infografía que muestra el flujo de materiales desde el recolecto hasta su transformación en infraestructura ecológica, destacando cómo cada kilogramo reciclado evita la degradación de 5 kilogramos de ecosistema marino. Las acciones de María han inspirado a otros territorios insulares. En una entrevista con la revista 'Verde Pacífico', indicó: "No somos dueños de este planeta, somos guardianas de una isla que nos ha dado todo. Si no cuidamos sus aguas, perderemos no solo los recursos, sino también nuestra identidad". Este mensaje resuena con la comunidad científica: un estudio de la Universidad de Hawai (2023) demuestra que los arrecifes artificiales bien diseñados pueden recuperar un 70% de su biodiversidad en 18 meses. Para visualizar el impacto, se recomienda visitar la página web del proyecto, donde se publica un esquema interactivo que muestra la evolución de la vida marina en las zonas intervenidas. La iniciativa también incluye un glosario que define términos como 'biodegradación', 'plasticidad microscópica' y 'coral de cemento', facilitando el entendimiento a todos los públicos. Este caso de Rapa Nui no solo representa una solución local, sino un modelo replicable para comunidades costeras. María Antúnez, citada en el último informe anual de la ONU sobre cambio climático, ejemplifica cómo la juventud y la innovación pueden convertirse en ejes fundamentales para la preservación ambiental. Concluimos destacando que cada acción individual, por pequeña que parezca, contribuye a grandes cambios colectivos. ¿Qué iniciativa podemos desarrollar en nuestras comunidades para proteger los mares de nuestra planeta? La respuesta empieza por escuchar a quienes, como María, ven el futuro del océano en cada gesto diario de responsabilidad ambiental."}

7) Según el texto, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que más del 80% de los residuos que llegan a las costas de Rapa Nui provienen de fuentes externas, mientras que el Dr. Pablo Ramírez afirma que las estructuras artificiales del proyecto aumentaron en un 40% la presencia de especies nativas. ¿Qué relación existe entre ambas afirmaciones respecto al problema de la contaminación marina y la solución propuesta?

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8) En el texto se presentan dos tipos de discursos: la declaración de María Antúnez en la revista 'Verde Pacífico' ('No somos dueños de este planeta, somos guardianas...') y el estudio de la Universidad de Hawai (2023) que demuestra que los arrecifes artificiales recuperan un 70% de su biodiversidad en 18 meses. ¿Cuál es el propósito principal de cada uno y en qué se diferencian en su enfoque?

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En el rincón más oscuro de la biblioteca del Colegio San Gregorio, entre estanterías polvorientas y mapas antiguos, Camila, Lucas, Valentina y Mateo descubrieron un libro que brillaba con una luz azulada. Era el cuaderno de un profesor desaparecido décadas atrás, con dibujos de constelaciones, selvas y rostros enigmáticos que parecían susurrar secretos. Mientras lo hojeaban, el suelo tembló y una grieta se abrió entre los volúmenes, revelando un portal que los absorbió sin avisar. Al otro lado, el grupo aterrizó en medio de un bosque luminoso donde los árboles cantaban y los animales hablaban con voces humanas. Un anciano de piel como madera tallada les explicó que habían llegado al reino de Aillara, una civilización antigua que preservaba los sueños del planeta. "Solo regresaran si resuelven el acertijo de la Estrella de la Aurora", les dijo, entregándoles un mapa con símbolos que debían descifrar. Lucas, con su tablet, intentó escanear los glifos, pero el portal había borrado toda señal digital. Valentina, obsesionada con mitos, sugirió buscar en las historias de los libros. Camila, impulsiva y curiosa, decidió seguir el ruido de un riachuelo que fluía como un hilo de plata. Mateo, siempre precavido, advirtió que no sabían qué peligros podría ocultar. La grieta del portal brillaba con dos opciones: un sendero cubierto de flores que cantaban y otro oscuro con figuras que se movían en la sombra. "¿Qué pasa si nos equivocamos?", preguntó Lucas, mientras sus dedos temblaban con la tablet inútil. Valentina respondió: "A veces, el miedo nos empuja a elegir lo fácil, pero los sueños requieren valentía". Camila, llevada por su instinto, tomó la flor más colorida y se metió en el bosque oscuro, seguida por sus amigos. En lo profundo del bosque, encontraron una estatua de piedra con ojos de cristal. Susurró la voz del anciano: "La Estrella de la Aurora responde a las luces del corazón. ¿Cuál es lo que más brillará entre ustedes?". Los amigos se miraron, confundidos. Lucas propuso usar su linterna, pero la luz no funcionó. Valentina leyó un pasaje del cuaderno: "La sabiduría de los sueños vive en la conexión entre lo que uno necesita y lo que otro ofrece". Mateo, observando el grupo, recordó cómo Camila había defendido el portal, aunque temía lo desconocido. "Podría ser el entusiasmo", murmuró. Camila, en cambio, notó que Lucas había compartido su caramelo con un pájaro para ganar su confianza. "O la empatía", agregó. Las figuras de sombra se agitaron, impacientes. El anciano, emergiendo del tronco del estatua, aclaró: "No se trata de un solo atributo, sino de la suma de las luces que comparten". Juntaron sus objetos: la tablet de Lucas (aunque sin batería), el cuaderno de Valentina, la flor de Camila y el diario de aventuras de Mateo. Los colocaron en la base de la estatua, y la luz azul se derramó formando una constelación que los envolvió. El portal se reabrió, pero esta vez no los empujó, los invitó a elegir. Camila, con lágrimas en los ojos, tomó la flor y la depositó en el altar. "Aillara merece nuestra gratitud", dijo. Regresaron al colegio con el libro roto, pero la biblioteca tenía ahora un hueco en la pared que mostraba una estrella. El profesor nuevo, con un cuaderno igual al de antes, les sonrió y murmuró: "Los sueños no se pierden, se transforman". Los amigos comprendieron que la aventura no había sido un error, sino una lección: las decisiones valen más cuando se toman juntas, y el misterio del cosmos siempre responde con sabidurza, si uno sabe escuchar con el corazón."}

9) Según el texto, ¿en qué se complementan la advertencia inicial del anciano y el pasaje del cuaderno que lee Valentina sobre la Estrella de la Aurora?

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10) ¿Cuál es la diferencia entre el propósito del libro encontrado en la biblioteca y el propósito del mapa que entrega el anciano?

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