Análisis de narraciones
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Análisis de narraciones


Analizar las narraciones leídas para enriquecer su comprensión, considerando, cuando sea pertinente: - El o los conflictos de la historia. - El papel que juega cada personaje en el conflicto y cómo sus acciones afectan a otros personajes. - El efecto de ciertas acciones en el desarrollo de la historia. - Cuándo habla el narrador y cuándo hablan los personajes. - La disposición temporal de los hechos. - Elementos en común con otros textos leídos en el año.



📖 Lectura

El mar es un espejo de mi alma oscura, refleja tormentas que en mi pecho nacen. Sus olas, susurros de añoranzas puras, rompen la orilla con canciones de lluvia. Un día baila bajo el sol más puro, esmeraldas que ríen sin necesidad. Luego se vuelve fiera, negra y cínico, muerde con espuma la piel de la vida. En sus entrañas, criaturas de fuego que se alzan al viento con gritos desgarrados. Las gaviotas, mensajeras de un eco de amores que naufragan en mareas ajenas. La luna lo acuna en sus brazos plateados, y el faro, guardián de los misterios, traza círculos en la noche con la esperanza de calmar las ansias de quienes lo buscan. ¿Quién no ha sido mar? ¿Quién no ha vivido la furia de un ciclón o la calma de la bahía? Cada corazón es océano: dividido entre la alegría y la sombra de la mar. Entonces, aprendamos a navegar sin temor a la profundidad que habita en nosotras. Porque, al igual que el reino de la traba, lo que hirve también puede transformarse en paz.

1) ¿Qué tipo de narrador predomina en el poema y cuál es el conflicto principal que se presenta?

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2) ¿Se observan saltos temporales (pasado o futuro) en la narración del poema? Explica.

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📖 Lectura

Mateo tenía 15 años, dos violines en el armario y un diario bajo el colchón donde anotaba melodías que surgían de sus sueños. En Chillán, bajo el cielo de verano que se tiñaba de naranja a las cinco, el adolescente enfrentaba un dilema que hacía vibrar sus cuerdas más allá de las notas: ¿seguir la música que lo arrastraba como un río imparable o cumplir con la promesa de convertirse en ingeniero, tal como lo habían soñado sus padres tras dejar la escuela de arte por una vida más segura? Desde que su padre, Álvaro, falleció en un accidente de trabajo en la mina, la familia había construido un muro de responsabilidad alrededor de su futuro. "Tu papá no se lo perdonó nunca", solía decir su madre, Francisca, mientras doblaba las camisas que debían ser perfectas para las clases del liceo. "Pensó que la música no lo salvaría de la pobreza. Nunca quise que tú repitas su error.". Pero las mañanas de Mateo estaban llenas de acordes. En la habitación compartida con su hermano, antes de que el sol rozara las ventanas, practicaba escalas en el violín, los ojos cerrados para no ver las tareas pendientes en la mesa. A veces, las lágrimas resbalaban mientras interpretaba una pieza de Piazzolla, porque recordaba cómo su papá lo levantaba en brazos para enseñarle a sostener el arco, aunque entonces tenía apenas tres años. El conflicto llegó un día de marzo, cuando el colegio anunció el concurso de jóvenes talentos. La premiación incluía una beca para estudiar música en el Conservatorio Nacional de Santiago, algo que podría cambiar su vida si lograba superar las audiciones. Sin embargo, la fecha coincidía con los exámenes finales y la reunión familiar donde se debatiría su futuro académico. "Si no sacas un 6.5 en matemáticas, no habrá más discusiones", advirtió su tío, el abogado que veía en Mateo un posible heredero de su escritorio lleno de códigos y balances. Durante los días siguientes, la casa se convirtió en un campo de batalla silencioso. Su madre lo encontraba más callado, revisando partituras en lugar de libros de texto. Su hermano, quien soñaba con ser cartero, le preguntó una noche: "¿Vale la pena? Si te vas, ¿qué haremos con el taller de carpintería heredado de papá?". Mateo no respondió, pero su silencio pesaba más que cualquier disonancia. El clímax llegó en la madrugada. Mientras el reloj marcaba las tres, Mateo abrió el diario bajo el colchón y encontró un papel doblado: era una carta de su padre, descubierta accidentalmente por Francisca. "Mateo, si algún día sientes que la música te llama, no te lo niegues. Por más que yo lo intenté, no pude dejar de tocar la guitarra. Quizás por eso no fui ingeniero… pero sí tu papá". La tinta, borrosa por el tiempo, brilló bajo la luz de la luna que se filtraba por la ventana. Al día siguiente, en la reunión familiar, Mateo no tomó el cuaderno de cálculo que su madre le ofreció. En lugar de eso, abrió el violín y tocó una melodía que había compuesto durante la tormenta. Las notas, como carámbanos de hielo en diciembre, cortaron el silencio de la sala. Su tío se levantó de la mesa, mientras su madre lloraba en voz baja. "Este es el legado que tu papá no terminó de entregar", murmuró Francisca, secándose los ojos con la servilleta de algodón que siempre llevaba en el bolsillo. Dos semanas después, Mateo subía al escenario del Teatro Municipal. Su violín, tallado por su padre, resonaba con el eco de una decisión que no fue fácil, pero que le permitió reconciliar dos mundos: el de las leyes y las ecuaciones, y el de las notas que lo habían mantenido despierto tantas noches. Aprendió que no se trataba de elegir entre la nieve y el fuego, sino de construir un puente donde ambos convivieran. La familia, aunque no aún convencida del todo, asistió a la gala con entradas dobladas en la bolsa de Francisca, una señal, quizás, de que el destino es una melodía que todos pueden escuchar, si dejan de hacer ruido para oírla."}

3) ¿Cuál es el conflicto principal que enfrenta Mateo en el texto?

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4) ¿Qué tipo de organización temporal se observa en el relato?

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En una tierra donde los ríos bailaban con el viento y las montañas guardaban sus secretos, vivía Luma, una joven mapuche con el corazón más luminoso que las estrellas de invierno. Cada mañana, antes de que el sol acariciara los cerros, ella se sentaba junto al río Laja y tejía canastas con hojas de coihue, sus manos moviéndose con la misma gracia que el vuelo de las águilas. Su aldea, Wanaka, dependía de su habilidad para crear belleza a partir de lo simple, pues era creencia ancestral que quien entendía la lengua de los elementos podía calmarse los caprichos de la tierra. Un día, el mundo cambió. El volcán Lonquimay rugió con furia, sus flancos soltando fuego como si el kamúe (espíritu del monte) estuviera herido. El suelo tembló, repartiendo grietas que arrancaron árboles y sepultaron casas. Los ancianos murmuraban que el desequilibrio de los elementos era castigo por olvidar el pacto sagrado: respetar al terreno donde nacemos y morimos. Luma, con ojos llorosos pero decididos, se acercó a la Machi (curandera), quien le entregó un diario de ciprés con runas ancestrales. “El copihue es el corazón de la tierra,” le explicó con voz de trueno, “su sangre roja es el amor que no muere. Vete al cráter y ofrécele tu vida, pero no temas. La tierra siempre devuelve lo que se le da con pureza.” Temblorosa, Luma caminó por los senderos que antes parecían inofensivos, ahora abiertos en llamas. Al pie del volcán, se topó con un león de lava, que rugía como el mar en tormenta. “¿Por qué rompes la paz del monte?” le gritó. Luma, con voz quebrada, respondió: “No vengo a romper, vengo a sanar. Mi aldea es parte de ti, como tú eres parte de mi respiración.” El león la miró fijo, y en sus ojos, Luma vio reflejado el rostro de su abuela, quien había muerto al nacer ella. En el cráter, el calor era insoportable, y el humo le quemaba la piel. Allí, el volcán le habló. “Tu sangre es mía, pero ¿qué sacrificio pagarás por calmar mi ira?” Luma, sin dudar, arrancó un mechón de su pelo, símbolo de la fuerza vital, y lo lanzó al fuego. “Toma mi vida. Solo dime cómo hacer que el copihue florezca de nuevo, para que mi aldea no olvide la esperanza.” El volcán se quedó mudo. Luego, con un suspiro profundo, tragó el pelo y le devolvió un ramillete de flores carmesí con tallos plateados. “El copihue nace de la unión entre el cielo y la tierra. Cada pétalo es un latido de amor, cada tallo, un hilo que te conecta con los tuyos. Pero no todas las almas son puras. A veces, hay que quemar el mal para que el bien pueda brotar.” Cuando Luma regresó, el cráter había quedado en silencio. En su lugar, centenares de copihues se alzaban, como si la tierra hubiera llorado sangre de corazón. Su aldea, aunque dañada, respiraba paz. La Machi le sonrió: “La tierra te escuchó, pero no fue tu pelo lo que la calmó. Fue tu intención, tu amor sin egoísmo.” Luma sintió la brisa rozar su piel y supo que ya no era solo una más de la aldea. Su cuerpo, ligero, se elevó hacia los cielos, y de sus manos brotaron raíces que se entrelazaron con el suelo. Sus ojos se cerraron, pero en el horizonte, el copihue seguía floreciendo. Hoy, cuando los niños mapuche se detienen a admirar la flor copihue, sus abuelos les cuentan que su color rojo es el amor que vence al miedo, su tallo plateado la conexión que no se rompe, y su aroma, la memoria de quienes se sacrifican para que otros vivan. El mito enseña que la tierra no pide ofrendas materiales, sino que todo lo que se le da debe ser con la pureza del corazón, porque el verdadero amor no se compra, se ofrenda.

5) ¿Cuál es el conflicto principal que desencadena la historia?

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6) El relato incluye saltos temporales. ¿En qué parte se evidencia una prolepsis o anticipación hacia el futuro?

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Bajo el cielo de la cordillera / cabalgaba un alma de plata, / con sombrero como centinela / y botas que marcaban plata. / La tierra le daba la espada, / el viento le enseñó a gritar; / nacido en la pampa, por justicia, / defendió al campesino en llamar. / Los mineros, con hambre y sed, / le contaron sus penas en red. / La autoridad, con ojos de león, / los abusos en cada baladón. / El huaso, con voz de acero, / se echó la causa como velo. / Fue la sombra que se alza en la noche, / el relámpago que parte el pecho. / A los ricos les atravesó el oro, / a los pobres les devolvió el honor. / Un día, con caballo relajado, / enfrentó al gobernador en armado. / La justicia, en su pecho, era un fuego, / la ley de los ricos, un desvío. / Cayó el jinete con su manto, / pero en el alma del pobre siguió fiado. / Hoy, en cada montaña y quebrada, / su nombre canta la piedra afligida. / La historia no muere, aunque la borren, / vive en la sangre del que resiste el muro. / ¿Quién será el próximo que se alce con bandera? / El viento sabe, pero calla su historia.

7) ¿Qué tipo de narrador predomina en el poema y cuál es el conflicto principal que se presenta?

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8) ¿Cómo se organiza temporalmente la narración en el poema? ¿Qué saltos temporales se pueden inferir?

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En un colegio de la comuna de San Sebastián, dos amigos inseparables, Camila y Javier, compartían el sueño de convertirse en exploradores. Camila, con su mochila siempre abarrotada de mapas y cuadernos de registro, soñaba con descubrir glaciares escondidos, mientras Javier, apasionado por la fotografía, llevaba su vieja cámara de plástico con manchas de barro. Ambos habían planificado desde años atrás la excursión escolar a la cordillera, un viaje que creían sería la antesala de sus aventuras. Durante la mañana del segundo día, el grupo se dispersó para explorar el valle de los vientos. Camila, emocionada, trepaba a rocas para observar el avance de una nube de tormenta, mientras Javier ajustaba sus filtros para capturar la luz del atardecer. Fue entonces cuando Camila encontró la mochila de Javier abierta y descubrió una pequeña cápsula de metal con llaves de sus padres. Su mentira de la noche anterior regresó como un eco insoportable: "¿Realmente necesitabas mi ayuda con el proyecto, o solo querías que haga lo que tú no te atreves a intentar?" Lejos de hablar directamente, Camila guardó la cápsula en su bolsillo, convencida de que era una prueba de los celos que creían Javier sentía por su habilidad de liderar grupos. El conflicto se agravó cuando el maestro les pidió a los estudiantes que formaran equipos para el concurso de fotografía. Javier propuso unir fuerzas con Camila para capturar la belleza del parque, pero ella lo rechazó con un "lo siento, ya tengo compañero" que sabían artificial. Durante el almuerzo, Camila observó cómo Javier ajustaba la cámara con manos temblorosas, mientras ella escondía la cápsula bajo su saco de dormir. El silencio entre ambos se llenaba de preguntas no dichas: ¿Por qué oculto la cápsula? ¿Por qué no le pregunté antes de tomarla? Al caer la noche, una tormenta inesperada separó a los equipos. Camila, buscando refugio entre las rocas, tropezó y perdió la cápsula en un río de montaña. Javier, al verla inquieta, decidió seguir su rastro. "Camila, ¿qué me ocultas?", preguntó con voz quebrada cuando la encontró a la luz de la luna. Ella, con los ojos rojos, le mostró el río y susurró: "No sé si podré recuperarla. Ella contiene algo que no debería tener, pero es lo único que me hace sentir útil aquí". En el clímax de la tormenta, los dos amigos se sumergieron en el agua helada con sus respectivas cápsulas. Camila había encontrado la de Javier horas antes, junto con una nota que rezaba: "Este viaje es para olvidar lo que me hizo sentir inútil el año pasado". Javier, al ver la cápsula de Camila, descubrió que contenía una carta de sus padres: "Hemos decidido venderte el apartamento. Vente con nosotros a Valdivia". La resolución llegó con el amanecer. Entre los escombros del río, recuperaron lo esencial: la cámara de Javier, ahora con ambas cápsulas dentro. "Podríamos hacer juntos una nueva", le dijo Camila, y Javier sonrió: "La locura de los mapas y la lógica de las fotos. Nuestra cápsula para dos". En el viaje de regreso, compartieron historias de cómo el miedo a perderse había envenenado sus palabras. El maestro, al entregar el premio del concurso, no sabía que la mejor fotografía era la sonrisa de reconciliación entre dos amigos que aprendieron que la lealtad no se mide por lo que se posee, sino por lo que se comparte.

9) ¿Cuál es el conflicto principal que enfrentan Camila y Javier durante la excursión?

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10) ¿Qué información sobre el pasado de Javier se revela a través de la nota encontrada en su cápsula?

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